CRONICA – FERNANDO DE LARA 2016
        Real Alcázar de Sevilla 06 / 05 / 2016

Cuando recibí aquel whats-app de un buen amigo informándome de que la obra POR UN PUÑADO DE VIDES, escrita por el más que novel autor JAVIER RODRIGUEZ PASCUAL, estaba entre las diez finalistas del prestigioso premio Fernando de Lara del grupo Planeta, no daba crédito. Pero efectivamente la noticia estaba ahí, de ella se hacían eco los medios de comunicación y anunciaban que dos días más tarde la votación se produciría en el REAL ALCAZAR DE SEVILLA, entorno idílico para el fallo.

 

Esa misma tarde, a dos días de la votación, una empleada del grupo editorial se puso en contacto conmigo para comunicarme que el viernes 6 de mayo de 2016, en la puerta del Real Alcázar, dos invitaciones me aguardarían con mi nombre escrito en el sobre.

 

Mentiría si dijera que a pesar de ser conocedor de mis debilidades -la primera mi inexperiencia y falta de trayectoria novelística- no me dejé llevar por el entusiasmo. Sólo el hecho de estar entre tan digno elenco de escritores ya fue para mí sobrada recompensa. Y como soñar es gratis, durante las dos jornadas siguientes los nervios no me abandonaron durante la noche. Y tampoco durante el día.

 

El 6 de mayo, a las 21h, atravesaba acompañado de mi esposa – que estaba bellísima- la puerta donde efectivamente pude comprobar que las dos invitaciones nos esperaban. Como el día amenazaba lluvia, los magníficos jardines del Alcázar no iban a ser el escenario que el evento requería, y nos encapsularon a los finalistas del libro, junto a otros trescientos nobles e ilustres invitados, en los salones interiores.  Me encontré de repente en la mesa más alejada del escenario, compartiendo mantel además de nervios con otros finalistas del premio. No todos los finalistas estábamos allí, por supuesto que uno no.

 

 

Compartir mesa con Elena Marqués (seudónimo con el que se presentó al premio, http://www.desde-mi-ventana.es), con Miguel Itzu, o con Manuel Barreda, haya sido probablemente lo más enriquecedor de la jornada. Entre plato y plato, Emili Rosales en calidad de secretario del jurado entregaba las sucesivas votaciones eliminatorias para regocijo de unos y frustración de otros, esforzándose en representar el papel que la editorial les había asignado al jurado. Y mi turno de frustración llegó, por supuesto. Así hasta que el nombre de Paloma Sánchez-Garnico resplandeció entre el de todos los finalistas y ante un atril pronunció unas palabras que trataban de emular sorpresa por la noticia. Todos brindamos con cava por su éxito, merecido a nada que se escarbe en su trayectoria literaria la cual en nada se podría asemejar a la del que suscribe la presente crónica.

 

 

 

 

 

Y así finalizó el evento, con más pena que gloria para nueve finalistas que no recibimos ni el más mínimo reconocimiento durante el evento por parte de persona alguna de la editorial, ni tan siquiera la foto oficial de rigor. Y como convidados de piedra que éramos, abandonamos los salones.

 

 

 

 

 

 

No me arrepiento de la experiencia que he vivido, allí rodeado de tantas personalidades para las que fui invisible. Sabía que no era merecedor del premio final, pero sí eché de menos que alguien se esforzase en aparentar que el premio es trasparente y efectivamente obedece a la decisión de un jurado aséptico. O cuanto menos, que nos dedicasen unas palabras a aquellos que con nuestro esfuerzo e ilusión habíamos llegado hasta allí. No fue así y el reto ahora debe ser que el desprecio sufrido no melle la moral y el entusiasmo.

 

 

 

 

 

 

Gracias a todos los finalistas, y espero que el ánimo que a mí no me falta, a vosotros os sobre. Voy a continuar en mi lucha porque el detective Javier Holmes, que con palabras he dibujado en mis dos obras, vea la luz literaria y encuentre hueco en el papel.

 

Un abrazo.

 

 

 

 

Nota de Prensa
Nota 3